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Craig Foster cuenta una maravillosa historia. Después de atravesar un periodo de depresión y cansancio extremo, Foster optó por habituarse a unas nadadas terapéuticas en la costa sudafricana. Allí se encontró con un pulpo que empezó a frecuentar. Foster quedó asombrado por la inteligencia del pulpo, particularmente sus estrategias y recursos para evadir depredadores como tiburones.

Lo extraordinario es que la curiosidad de Foster fue igualada por la curiosidad del pulpo. Anteriormente se habían relatado historias de conexión entre hombres y delfines, pero nunca entre hombres y pulpos. El documental muestra escenas de contacto físico que algunos han interpretado como una especie de escenas de amor.

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